viernes, 13 de abril de 2012

ARQUETIPO Y SINCRONICIDAD



(Fragmento del libro "La Evolución Nouménica de la Especie Humana y Neogénesis del Arquetipo Femenino" de Pedro Villanueva González - 2010)



Sincronicidad (sin – del griego συν -, unión, y χρόνος, tiempo) es el término elegido por el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung para aludir a «la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera no-casual». «Así pues, emplearé el concepto general de sincronicidad en el sentido especial de una coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal, también se le llaman coincidencias significativas, porque portan un significado cuando se repiten varias veces como un mensaje que se manifiesta a través de patrones como símbolos personales, sueños, imágenes, lugares, encuentros portando un sentido psicológico más que una simple casualidad. Las sincronicidades se producen con mayor frecuencia en periodos de tensiones físicas, emociones fuertes, sensaciones profundas o estados de fascinación en el ser humano.



Jean Francois Vézina destacado psicólogo canadiense lo describe así: La sincronicidad es una coincidencia entre una realidad interior (subjetiva) y una realidad exterior (objetiva) en la que los acontecimientos se vinculan por los sentidos, es decir de modo no-casual. Esas coincidencias provocan en la persona que la vive una fuerte carga emocional y manifiesta transformaciones profundas. Esa coincidencia provoca un fuerte impacto emocional en la persona que la vive, sugiriendo un gran número de imágenes simbólicas. Este impacto traduce el carácter numinoso (Que ejerce una fascinación sobre el sujeto) de la experiencia, o sea, el sentimiento, por parte de la persona de ser interpelada por el inconsciente. Cuando buscamos el significado de una sincronicidad, no hallamos razones, ni causas lógicas, sino un sentido, una orientación basada principalmente en la intuición y en la interpretación de patrones simbólicos de carácter personal y de lo que lo rodea. La pregunta que se plantea a raíz de una coincidencia cargada de sentido es entonces: ¿Adonde me llevará esto?, o, ¿Para llegar a qué? Cuando se percibe el sentido, se hace en ese lugar intermedio, es decir, a mitad de camino entre la realidad objetiva y la subjetividad. Se percibe en ese espacio transicional en el que se exhiben los símbolos, fuerza unificadoras de contrarios. La percepción de los símbolos sincronísticos es, pues, un ejercicio continuo de puesta en forma de la vida simbólica. Un símbolo sincronístico sería más bien una señal que nos ayuda a dirigirnos en la vida. El símbolo se percibe en el área transicional, un lugar “intervalo” entre la realidad y el sueño. La sincronicidad también se percibe en ese intervalo, un espacio de juego y creatividad que nos permite interpretar el mundo.



Arquetipo remite a una construcción propuesta por Carl Gustav Jung para explicar las «imágenes arquetípicas», es decir, todas aquellas imágenes oníricas y profundas que correlacionan con especial similitud motivos universales pertenecientes a religiones, mitos, leyendas, etc. Se tratarían de aquellas imágenes ancestrales autónomas constituyentes básicos del inconsciente colectivo que están arraigados en todos los seres humanos de la Tierra.



De la amplia gama de Arquetipos existentes, como pueden ser el Nacimiento, la Muerte, Dios, la Diosa, el Viejo sabio, Cuaternidad, Trickster, Padre, Madre, Héroe, Vejez, Atracción, Procreación, Crecimiento, el Mal y el Bien, etc., que se encuentran en todas las culturas y existencia, así como otras imágenes presentes ensueños y Mitos con un fuerte significado emocional: grupos numéricos, una montaña, un reloj, un padre dominante, un amigo traicionero, etc., cinco son los que han alcanzado un desarrollo superior al de cualquier otro: Ánima, Ánimus, Sombra, Persona, Sí-mismo.

Un arquetipo (del griego αρχη, arjé, "fuente", "principio" u "origen", y τυπος, tipos, "impresión" o "modelo") es el patrón ejemplar del cual otros objetos, ideas o conceptos se derivan. En la filosofía de Platón expresa las formas sustanciales (ejemplares eternos y perfectos) de las cosas que existen eternamente en el pensamiento. Un arquetipo es un modelo o ejemplo de ideas o conocimiento del cual se derivan otros tantos para modelar los pensamientos y actitudes propias de cada individuo, de cada conjunto, de cada sociedad, incluso de cada sistema.



Uso en la sociedad y en el comportamiento humano



En el libro “Realidad del alma”, Jung propone que en el mundo primitivo todos los hombres poseían una especie de alma colectiva, pero con el pasar de los años y la evolución, surgió un pensamiento y una conciencia individual que ayudó en gran parte con la formación del modo de pensar de cada cultura y de su tipo de actuar. Una persona está integrada por conductas regidas por arquetipos, junto con sus diferentes caminos y sus estadios. Existen tres caminos: Conocimiento, Poder y Amor.



Uso en filosofía

El arquetipo en la antigüedad



Platón, el más fiel discípulo de Sócrates, cree como éste que "la ciencia consiste en lo universal " y aspira a ello por medio de la abstracción. Para el fundador del idealismo "la mayor certeza se halla en la mayor abstracción”. Al ejercitar ésta, distingue dos mundos: el de las cosas sensibles, rayano con el no ser, y el de lo inteligible, que es lo real mismo en sí, el tipo, la idea o el ejemplar, que reproducen las cosas sensibles por su participación de las ideas. Pero este mundo de las ideas requiere una jerarquía según Platón; éste, fijado por la dialéctica, sirve de base a toda clasificación y establece claridad y orden en la manera de tratar los asuntos. Como efecto de la abstracción formalista y lógica, esta tesis dará lugar eventualmente a la noción de que las ideas más vacías o más abstractas se consideran las superiores y se colocan en el vértice de las clasificaciones. Se convierte así la abstracción en escala para ascender al cielo y se volatiliza la realidad, llegando a estimar que una idea está más cerca de la verdad cuanto más lejos se halla de los hechos. Esta interpretación, hecha explícita por primera vez por Christian Wolff , que estima que la metafísica sería la ciencia de lo posible, alcanza su consecuencia, con rigor inflexible, en la dialéctica hegeliana, que afirma que "el ser —la idea más abstracta— es la nada". Ya la palabra ειδος, eidos, de donde procede nuestra "idea" revela el simbolismo, pues expresa la especie opuesta al individuo y aún separada de él. Para establecer la jerarquía del mundo inteligible, la imaginación se representa (siempre fuera de la realidad): el prototipo o arquetipo (la idea primera entre las demás de igual orden) de cada especie. Resulta, por lo mismo, como dice Janet, que "todo arquetipo es siempre una abstracción".



El arquetipo en la Edad Media



Esta misma palabra arquetipo ha sido usada por los escolásticos, sobre todo por aquellos que se acercan algo al sentido platónico hábilmente combinado con la doctrina aristotélica por santo Tomás de Aquino, como la idea primordial, que ha presidido a la creación del mundo.



El arquetipo en la Modernidad



Después usó también la palabra arquetipo John Locke, en su Ensayo sobre el entendimiento humano, pero atribuyéndole significación distinta a la que le diera en un principio Platón. Para Locke los arquetipos son ideas que no tienen semejanza con ninguna existencia real, ni con la nuestra ni con la de los objetos externos. Concibe el espíritu de los arquetipos mediante la reunión arbitraria de los conceptos simplicísimos, sin que puedan ser por lo tanto copias de las cosas. Después de Locke, el término deja de ser frecuente en filosofía; lo usa Goethe en el Fausto personificando las ideas en las Madres, que con sus antorchas iluminan la región de las sombras y van guiando al héroe del poema, símbolo de la luz de la inteligencia, que con su previsión nos guía en la vida. La hipótesis del arquetipo ejerció gran influencia en la filosofía de la naturaleza durante el siglo XIX y comienzos del XX. Goethe, Lorenz Oken, Geoffroy Saint-Hilaire y otros filósofos naturalistas concibieron la diversidad orgánica determinada y producida según tipos primitivos y originarios (arquetipos). Se trataba de un tipo ideal del que podían derivarse todas las especies o, al menos, todas las especies de un filo.



Uso en psicología



Arquetipo junguiano



El término fue introducido por Carl Gustav Jung para designar cada una de las imágenes originarias constitutivas del "inconsciente colectivo" y que son comunes a toda humanidad. Configuran ciertas vivencias individuales básicas, se manifiestan simbólicamente en sueños o en delirios y son contenidos más o menos encubiertos en leyendas, cultos y mitos de todas las culturas.



Muchas veces no solo aparece como un arquetipo, sino también constelaciones de arquetipos en nuestras vidas. Las constelaciones son más complejas, pues reúnen características de dos o varios que resultan armoniosas o contradictorias, o a veces tienden a mezclarse y confundirse para interpretar un sentido más complejo en un momento determinado.



Aunque en sí mismo el fenómeno de la sincronicidad ya se hallaba implícito en toda la obra e investigación de Jung, será a través de dos de sus escritos de1952 como lo describirá finalmente:



1 - Sincronicidad como principio de conexiones acausales, publicado junto a una monografía de Wolfgang Pauli, «La influencia de las ideas arquetípicas en las teorías científicas de Kepler», en Interpretación de la naturaleza y la Psique

2 - Sobre Sincronicidad, conferencia pronunciada en los encuentros Eranos.



Fundamentación



Las leyes naturales son verdades estadísticas, absolutamente válidas ante magnitudes macrofísicas pero no microfísicas. Ello implica un principio de explicación diferente al causal. Cabe plantearse entonces si en términos muy generales existe no solo una posibilidad sino una realidad de sucesos acausales. Para ello se ha de afrontar el mundo de la casualidad y tratar de separar la causalidad de la acausalidad.



Causalidad →Casualidad ←Acausalidad



La acausalidad es esperable cuando parece impensable la causalidad. Ante la casualidad solo resulta viable la evaluación numérica o el método estadístico. Las agrupaciones o series de casualidades han de ser consideradas casuales mientras no se sobrepasen los límites de la probabilidad. Si así se demostrara implicaría un principio acausal o conexión transversal de sentido.



Schopenhauer realizó un acercamiento a la casualidad no haciendo caso omiso a su fenomenología pero deteniéndose en una visión determinista. Así mismo, Kant señaló el camino a Schopenhauer. Otros autores como Xavier Dariex, Charles Robert Richet y Camille Flammarion abordaron el problema mediante el cálculo de probabilidades. Wilhelm von Scholz se aproximaría a través de recopilación de casos, y Herbert Silberer efectuaría una crítica psicológica, que aunque aconsejable, no iba más allá del causalismo, relegándose una vez más la acometida de las verdaderas coincidencias de sentido.



Experimentos científicos de Rhine



La prueba decisiva para la existencia de vinculaciones acausales reside en los experimentos científicos de Joseph Banks Rhine efectuados a partir de cartas, aunque también fueron utilizados dados.



Cartas Zener.



Siendo la media estadística de lo probable 5 aciertos sobre 25 cartas se llegaría a las tres conclusiones siguientes:



1 - Superación de la probabilidad estadística.

2 – La distancia no afecta a los resultados: no se puede tratar de un fenómeno de fuerza o energía.

3 – El tiempo tampoco altera los resultados del experimento.

Consecuentemente, existiría una relatividad psíquica del espacio y del tiempo. Y de este modo una renuncia a la explicación energética, y por lo tanto a la causalidad que presupone el espacio y el tiempo, es decir, a la observación de cuerpos en movimiento. También resulta interesante la relación de los resultados con el nivel de interés del sujeto experimental. No puede tratarse en definitiva de causa y efecto, «sino de una coincidencia en el tiempo, de una especie de simultaneidad», de ahí el término sincronicidad. Se describe la sincronicidad «como una relación entre tiempo y espacio psíquicamente condicionada».





En los experimentos de Rhine tanto el espacio como el tiempo se comportan elásticamente respecto a la psique, ya que aparentemente pueden ser reducidos a voluntad. Se podrían conjeturar entonces dos posibilidades:



1 - Relación espacio tiempo respecto a la psique.

2 - Inexistencia de espacio y tiempo al estar establecidos por la consciencia.


«Son, pues, esencialmente de origen psíquico, seguramente la razón por la que Kant los interpretó como categorías a priori». De ahí la posibilidad de relativización psíquica. Pero esta posibilidad se da solo cuando la psique se observa a sí misma, es decir, a partir de la manifestación de lo inconsciente, de los arquetipos de lo inconsciente colectivo caracterizado como psicoide.



Sincronicidad como principio de conexiones acausales. Los casos de coincidencias de sentido parecen sustentarse en una base arquetípica:



1 - El factor emocional resulta ser altamente significativo. La afectividad está basada en el arquetipo.



2 - A su vez existe como característica común cierta imposibilidad.


Debe diferenciarse el término sincronicidad o simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal de sincronismo o mera simultaneidad de dos sucesos. La sincronicidad implicaría de este modo la simultaneidad de un estado psíquico con uno o varios sucesos externos cuyo sentido parece paralelo a la subjetividad psíquica, o viceversa. El fenómeno de la sincronicidad se fundamenta en la simultaneidad de dos estados psíquicos diferentes:



1 - Uno es el normal

2 - Otro es la vivencia crítica.



Constaría así mismo de dos factores:



1 - Una imagen inconsciente accede a la consciencia directamente o simbolizada como sueño, ocurrencia o presentimiento.



2 - Una situación objetiva coincide con dicho contenido psíquico



El contenido del inconsciente colectivo expresado como imágenes universales primordiales transferidas desde un pasado ancestral, que incluye no sólo la humanidad temprana sino también a los ancestros animales y otros precursores del género humano. Los arquetipos no son parte del pensamiento consciente sino predisposiciones hacia ciertos comportamientos (patrones de actuación psicológica ligados al instinto), como el miedo a la oscuridad o el instinto materno, que son reforzados y modificados a través de la experiencia individual. El psiquiatra Carl G. Jung desarrolló -aunque no originó- el concepto de los arquetipos, los cuales han existido universalmente por miles de años en mitologías y en cuentos de hadas. El filósofo griego Heráclito fue el primero en ver la psiquis como el principio original del arquetipo. La idea del arquetipo fue articulada por Platón en su Teoría de las Formas, la cual sostiene que la esencia de una cosa o concepto es su forma o idea subyacente. El término "arquetipo" aparece en los escritos de Philo Judaes, Irenaeus y Dionisio el Areopagita. Jung dedicó mucho de su estudio al tema de los arquetipos. Con el correr de los años modificó su concepto de ellos, aunque nunca ofreció una definición definitiva. En 1946 adelantó la idea del "inconsciente psicoide", lo que dio lugar al arquetipo psicoide.


El inconsciente psicoide se refiere a un nivel más fundamental del inconsciente al que no se puede llegar por el consciente y que tiene propiedades en común con el mundo orgánico. Está formado por dos mundos y hace de puente entre ellos. Es, a la vez, psicológico y fisiológico, material e inmaterial. Así, un arquetipo psicoide expresa una conexión entre lo psíquico y lo orgánico: es lo psíquico en el proceso de hacerse material. Al ser los Arquetipos de la misma naturaleza de las ideas inherentes y estando más allá del tiempo y el espacio, estos agentes formativos activarían ciertos objetivos más allá del marco temporal-espacial. Este es uno de los conceptos más polémicos con los que trabaja la psicología analítica, pues, en última instancia, su contexto es abiertamente metafísico: el aspecto psicoide del arquetipo, del inconsciente, se refiere a su carácter también físico, más allá de lo psíquico, y, al mismo tiempo, por ende, a su carácter decididamente colectivo y transpersonal, más allá de la psique fraccionaria individual. El arquetipo no sólo como fenómeno interno personal, actuante en la propia alma, como contenido de ella, sino también extendiendo su fenomenología al mundo exterior, y enraizándose en aquello que captamos en primera instancia como ajeno a nuestra propia entidad individual. Es decir, el Arquetipo, lo Inconsciente, como habitante ubicuo del Micro y del Macrocosmos a la vez. Es una idea intuitiva que se desarrolla, sobre todo, a partir de la observación empírica especialmente del fenómeno de la sincronicidad: Jung denominó a las imágenes a través de las cuales se manifiesta el inconsciente “imágenes arquetípicas”. Empleó la palabra arquetípico a fin de comunicar el poder que tienen ciertas imágenes para contactarnos con lo que se muestra como la fuente misma de nuestro ser. La palabra griega arjé indica principio, origen; tipo deriva de un verbo griego que significa “modelar” y del correspondiente sustantivo que indica una imagen o modelo. Así arquetipo significa el modelo a partir de lo cual se configuran las copias, el patrón subyacente, el punto inicial a partir del cual algo se despliega.



Aunque Jung a veces mencionaba los arquetipos como algo impreso en nuestra psiques, también emplea esta etimología de forma más dinámica cuando define las imágenes arquetípicas como aquellas que pueden impresionarnos: "Estas asociaciones e imágenes arquetípicas…. Nos impresionan, influyen y fascinan”. Jung distinguía entre arquetipos e imágenes arquétipicas. Reconoció que lo que llega a nuestra consciencia son siempre imágenes arquetípicas, manifestaciones concretas y particulares que están influidas por factores socioculturales e individuales. Sin embargo, los arquetipos mismos carecen de forma y son irrepresentables; hablando con propiedad son más psicoides que psíquicos: “El arquetipo como tal es un factor psicoide que pertenece, por así decir, al extremo invisible y ultravioleta del espectro psíquico… No debemos olvidar que lo que denominamos “arquetipo” es en sí mismo irrepresentable, pero podemos visualizarlo a través de sus efectos, es decir, las imágenes arquetípicas”.



Los arquetipos mismos, dice Jung, son vacíos y carentes de forma, nunca podemos verlos excepto cuando se vuelven conscientes, cuando se llenan de contenido individual. El interés de Jung por las imágenes arquetípicas refleja más énfasis en la forma del pensamiento inconsciente que en el contenido.



Nuestra capacidad para responder a la experiencia como criaturas creadoras de imágenes es heredada, se nos da con nuestra humanidad. Las imágenes arquetípicas no son restos de pensamiento arcaico ni un depósito muerto, sino parte de un sistema viviente de interacciones entre la psique humana y el mundo exterior. Las imágenes arquetípicas que aparecen en mis sueños o través de las sincronicidades (coincidencias significativas) brotan de la misma capacidad humana que dio lugar a las antiguas mitologías de nuestros remotos antepasados. Los mitos no son causas de las manifestaciones contemporáneas e individuales, sino que existen en el mismo plano como analogías. Centrarnos en lo arquetípico permite subrayar la importancia que tienen nuestras imágenes para convertirnos en quienes somos. Nuestras vidas son configuradas por nuestros pensamientos, actos y, aun más poderosamente, por nuestras fantasías y sueños y los complejos de carga afectiva con los que respondemos a las personas y acontecimientos con que diariamente nos tropezamos. No soy sólo lo que he pensado, como proponía Descartes, ni lo que he hecho, como pretenden los existencialistas, sino también, como Gastón Bachelard ha mostrado tan poderosamente, lo que he imaginado y recordado.



C. G. Jung revolucionó el paradigma mecanicista de la psicología, recalcando la importancia del inconsciente por encima del consciente, de lo misterioso en lugar de lo conocido, de lo místico en lugar de lo científico, de lo creativo en lugar de lo productivo. Entendía el inconsciente como algo que iba mucho más allá de lo personal e individual. Además del inconsciente individual, hablaba de un inconsciente universal y suprapersonal al que denominó inconsciente colectivo. Este, que es el mismo para toda la humanidad, contiene la inmensa herencia psíquica de la evolución humana. Los arquetipos son los contenidos o estructuras de este inconsciente colectivo.



Jung descubrió que existen símbolos de naturaleza universal, a los que llama arquetipos, que se relacionan con una serie de experiencias comunes en distintos pueblos y culturas (el embarazo y el parto, la infancia, la vejez y la muerte, el amor, la búsqueda, la lucha,). Son experiencias compartidas por los seres humanos en todas las épocas, que recogen una sabiduría común a toda la humanidad. Estas experiencias se organizan en campos comunes (arquetipos) dentro del inconsciente colectivo. De este modo nos encontramos con arquetipos como el de madre, niño, amante, guerrero, sabio, etc. Los arquetipos aparecen en forma de "personajes" en los mitos y cuentos de hadas de todos los pueblos, dando voz al inconsciente colectivo. Hoy en día los encontramos también en el cine, la literatura, el arte, la publicidad, etc.



La relación entre experiencias y arquetipos es dinámica y bidireccional, de modo que no sólo las experiencias contribuyen a que se formen y actualicen los arquetipos, sino que a su vez éstos operan en la vida de todo ser humano produciendo un impacto directo sobre su psicología. Aunque se trata de experiencias comunes, producen un impacto diferente en cada persona y por eso se registran de distinto modo en el inconsciente personal. Los arquetipos funcionan como patrones subyacentes a partir de los cuales se configura la estructura individual; funcionan como modelos psicológicos, emocionales, de conducta y relacionales, que influyen y determinan, por lo tanto, nuestra psicología, nuestras emociones, nuestra conducta y nuestras relaciones.



En realidad, lo que llega a nuestra consciencia son siempre las imágenes arquetípicas, o sea manifestaciones concretas y particulares de los arquetipos. Pueden llegar a través de sueños, sensaciones, imágenes o palabras, y suelen ser percibidas como independientes de nuestra experiencia personal. A veces llegan como algo nuevo, desconocido, y esto hace que su impacto sea muy poderoso. Las imágenes arquetípicas están conectadas con el pasado y también con el futuro. Por eso son transformadoras. Jung decía: "el Yo no sólo contiene el depósito y la totalidad de la vida pasada, sino que también es un punto de arranque, el suelo fértil a partir del cual brotará toda vida futura". De este modo las imágenes pueden funcionar como guía, como líneas indicadoras que nos muestran el camino, aunque sin obligarnos a seguirlo. Además de la capacidad de intuir, Jung también reconoce en los arquetipos la posibilidad de hacerse con todo el control de la psique y "poseer" al individuo. De hecho, cuando un arquetipo se expresa de forma inconsciente, puede poseernos y determinarnos, mostrando en la mayoría de los casos su faceta negativa; mientras que si lo acercamos al consciente aprendemos de él, recuperamos el poder de elección, podemos adecuarlo a nuestra individualidad, ampliar nuestro potencial y expresarlo de la forma que nosotros prefiramos.


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