sábado, 14 de abril de 2012

Fragmentos de "Los Demonios de Loudun" (1952) de Aldous Huxley



La lealtad partidaria es socialmente desastrosa, pero para los individuos puede ser altamente compensadora, más aprovecha­ble, en muchos casos, que la concupiscencia y la avaricia, puesto que los lujuriosos y los avaros difícilmente se enorgullecen del ejercicio de sus actividades. Pero la condición de partidario o correligioso constituye una pasión muy compleja que permite a quienes la ejercen desenvolverse con satisfacción en sus diversos mundos. Puesto que la actividad que realizan la ejercen en nombre de un grupo, que es, por definición, bueno e inclusive sagra­do, pueden admirarse a sí mismos y aborrecer a sus vecinos, pueden ambicionar el poder y el dinero, pueden gozar de los placeres de la agresión y de la crueldad, no sólo sin sentimiento de culpa, sino con un rasgo positivo de virtud consciente. La lealtad a su grupo convierte esos vicios placenteros en actos de heroísmo. Los partidarios se ven a sí mismos como al­truistas e idealistas, nunca como pecadores o criminales. Y con ciertas salvedades, lo cierto es que sí lo son. El único problema consiste en que su altruismo es, simplemente, egolatría, y su ideal, por el cual se hallan dispuestos a entregar la vida, no es otra cosa que la racionalización de los intereses corporativos y de las pasiones de facción.
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Hoy es evidente —dondequiera que sea— que nos hallamos en la región de la luz y que los otros están hundidos en la oscuridad. Y estando en la oscuridad o tinieblas, merecen ser castigados y deben ser liquidados (ya que nuestra divinidad lo justifica todo) haciendo uso de los medios más diabólicos que tengamos a nuestra disposición. Adorándonos idolátricamente nosotros mismos como si fuéramos Ormuz y mirando a los otros como si fueran Arimán —principio del mal—, nosotros, hombres del siglo XX, no hacemos sino lo mejor que puede hacerse para garantizar el triunfo del diabolismo en nuestro tiempo.
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Para un hombre inteligente, nada más fácil que encontrar argumentos que le convenzan que hace lo que debe cuando está haciendo lo que quiere.



 

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